OJO POR OJO
La Verdadera Historia del Grupo Colina.
Humberto Jara
PRÓLOGO
Al interior de una sociedad se establecen parámetros los cuales rigen su estructura estableciendo el denominado orden social, entendido como disposiciones que permiten sostener una convivencia pacífica basada en el respeto a las libertades y obligaciones de los ciudadanos que comprenden una sociedad.
Las notorias desigualdades socio - económicas al interior de las sociedades latinoamericanas (situadas en el contexto de manifestación subversiva y de protesta social en el texto) generan la violenta respuesta de organizaciones terroristas quienes establecen contextos de lucha armada contra el gobierno en turno generando como resultado inmediato inestabilidad social sumado a los centenares de miles de muertes que se ocasionan en el cruento combate.
Entre los países latinoamericanos obligados a sufrir la demencia del terrorismo, está el Perú. Desde 1980, y durante más de una década una salvaje agrupación llamada Sendero Luminoso, nublada por el vaho del fanatismo maoísta, desató una impresionante saga de destrucción.
Ante una amenaza directa a la vida y tranquilidad de las personas, el común de ellas exigirá concretar hechos que permitan reestablecer el orden interrumpido.
Al inicio de la de los 90´ asumía el mandato a la presidencia Alberto Fujimori un ingeniero agrícola notoriamente inexperto en las labores de gobierno, asesorado por una cúpula militar derrotada y humillada después de años de combate terrorista asumen aplicar estrategia denominada guerra de baja intensidad, es decir el terrorismo de Estado.
“La pretendida estrategia de combatir al terror con los métodos del terror, no funciona, no es eficaz, porque olvida las razones de fondo y omite algo esencial, terrible: El terrorista comparte un secreto y una identidad, comparte códigos y protocolos de su misión, comparte una idea de castigo y devastación... Ellos quieren morir”.
Se convocó a oficiales capacitados en aplicar la guerra clandestina y se dispuso la creación no oficial y secreta, de un escuadrón especial, conocido después como el Grupo Colina. Realizando tareas de infiltración, espionaje telefónico, secuestros, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.
Es por tanto equivoca la visión que sostiene que la única vía posible para combatir la amenaza terrorista es la aplicación de los métodos de terror que ocasiona la muerte. Todas las dolorosas experiencias muestran que este procedimiento llena de dolor y antagonismo a las sociedades que lo padecen.
PRÓLOGO DE LA SEGUNDA EDICIÓN
“No siempre el dolor enseña; muchas veces el olvido suele ocultar sus posibles lecciones”.
La pobreza en la cual se encuentra sumida el 54% de la población de acuerdo a las frívolas cifras, fue la plataforma necesaria que impulsara a los integrantes de la organización terrorista Sendero Luminoso a iniciar un conflicto interno armando, convencidos de ser la revolución armada único medio para conquistar el poder y reorganizar nuestra nación, devolviendo las condiciones de igualdad que jamás existieron en el país.
La actitud inconciente de los gobernantes y la población centralizada en la ciudad capital no permitieron desplegar los mecanismos adecuados para finalizar las violentas acciones del grupo subversivo en sus primeros años de brutalidad en la sierra central.
El Perú está ahora en la etapa de los juzgamientos, pero se pregunta con real interés de solución, ¿qué hacemos con la pobreza? Hemos olvidado la principal enseñanza de los años de terrorismo: la pobreza incuba la violencia hasta que un día explota brutalmente.
NOTA PREVIA
En 1993, una delación militar y una investigación periodística pusieron a la luz pública dos casos - la matanza de barrios altos y el secuestro y la ejecución de estudiantes de la Universidad La Cantuta - señalando la autoría del grupo Colina. Fujimori y Montesinos resolvieron el tema con un proceso a un grupo de militares y una ley de amnistía. Luego clausuraron toda puerta de acceso al tema. Este texto aporta una mirada a los hechos mencionados la declaración de los principales oficiales que participaron en las labores antiterroristas.
LAS ALAS DEL DESEO.
Todo empezó la tarde del viernes 13 de mayo de 1988, cuando una explosión ocurrida en las serranías de Ayacucho alcanzó a Vladimiro Montesinos y Santiago Martin Rivas, aunque ninguno de los dos lo supo hasta meses después.
En el crepúsculo de esa tarde, dos camiones porta tropas, con rumbo a la base militar del condado de Huamcapí, fueron emboscados por terroristas de Sendero Luminoso, el lamentable saldo de este ataque dio como resultado la muerte del capitán José Arbulú, el sargento Ángel Vargas y el cabo Fabián Roldán además de once soldados con diversas lesiones.
Algunos soldados sobrevivieron al ataque, entiéndase se les permitió vivir cumpliendo un recurso de guerra pues esperaban que el pavoroso relato de la emboscada golpee el ánimo de sus compañeros.
Los habitantes del distrito de Cayara, en cuyas inmediaciones ocurrió la emboscada, optaron, esa noche y hasta la madrugada, por huir del poblado: sabían que a cada incursión senderista le sucedía una irracional visita militar.
Los hechos atroces producto de los excesos irracionales de los efectivos militares fueron relatados por una adolescente que logró sobrevivir escondida en las penumbras. Su relato horrorizó a la prensa ocasionando la incesante presión política que exigía se iniciara una investigación de los turbios acontecimientos.
Ese año 1988, el capitán Santiago Enrique Martin Rivas tenía 30 años de edad y vivía en las instalaciones del SIE. En 1981, a los 22 años, recién graduado de subteniente, había combatido en la cordillera del Cóndor en el conflicto con el Ecuador. Desde 1982 combatió en la zona de emergencia de Ayacucho, conocía en silencio episodios acontecidos en la oscuridad.
Una mañana de julio de 1988, el jefe del SIE, Osvaldo Hanke Velasco, le informó que debía asumir una misión muy reservada: ser oficial encargado del caso Cayara y el enlace con un informante llamado Vladimiro Montesinos Torres.
El capitán Martin conocía los pormenores del caso Cayara además del pasado del ex oficial Montesinos dado de baja por espía y acusado por delito de traición a la patria. En las semanas siguientes se suscitaron las reuniones entre ambos personajes, Montesinos desde el inicio esbozó las razones que acreditaban su inocencia, se presentó como asesor del Fiscal de la Nación, tener acceso a toda la documentación del caso, además de organizar las reuniones entre el magistrado y los altos mandos militares.
Con su activa y eficaz participación en el caso Cayara, Montesinos logró que el expediente se detenga en la Fiscalía de la Nación, evito un proceso al jefe de la zona de emergencia de Ayacucho y permitió que el alto mando militar se alivia de una grave responsabilidad. Además obtuvo la archivación definitiva del proceso por traición a la patria.
La contienda electoral del 90´ situó en segunda vuelta a los candidatos Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori, sin embargo una denuncia por delito de defraudación tributaria y contra la fe pública planteada en contra del candidato Fujimori en la 32º Fiscalía Penal de Lima lo aquejaba.
Fujimori, conciente del peligro busco ayuda en su mínimo entorno, fue uno de esos súbitos asesores el que recomendó a Montesinos como artífice para solucionar el problema. A finales de 1990, al amparo de su eficacia, el abogado Vladimiro Montesinos Torres se convirtió en asesor de Alberto Fujimori, el próximo presidente de la República del Perú.
Montesinos entendió cual debía ser su juego, para él Fujimori era un personaje inculto y con una noción política elemental, que había llegado a la posibilidad de ser presidente producto del azar. Además en su afán por perpetuarse en el ámbito de poder se especula utilizó un elemento.
Los indicios son convincentes en señalar que el inconveniente descubierto y explotado por Montesinos era la nacionalidad de Fujimori.
Como político Fujimori presentaba un aprendizaje de impresionante rapidez. Usó un estilo signado por la atención a los sectores más pobres porque allí estaban los votos necesarios.
“Robó, pero trabajó” el cínico lema que identifica a los gobernantes de los años noventa que con el dinero de las privatizaciones alentadas por el dogma liberal hicieron obra popular y fortuna personal.
Sin embargo, ese pedestal que Fujimori y Montesinos usaron para su vigencia, tiene en su base secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.
VOCES CLANDESTINAS
Todo país que aplicó la guerra de baja intensidad tomó las decisiones en los más altos niveles y con anuencia de los Estados Unidos.
La convocatoria de Santiago Martin Rivas en diciembre de 1990, no fue producto de la casualidad pues se le reconocían conocimientos sobre la guerra no convencional.
Los personajes que aquel año tomaron a su cargo la organización de un nuevo esquema de lucha contra la subversión tenían entre sí una afinidad: habían sido preparados en distintas épocas en la Escuela de la Américas, el cuestionado centro de formación militar creado por los Estados Unidos para dar instrucción especializada en el combate contra el terrorismo a los militares de los ejércitos latinoamericanos.
La guerra de baja intensidad tenía como elemento esencial la clandestinidad, considerada insustituible para lograr infiltraciones en el enemigo, seguimiento, escuchas telefónicas, capturas no oficiales, obtención de arrepentidos, asesinatos selectivos, desaparición de militantes y, por cierto, anonimato del personal involucrado en las acciones.
El ahora asesor presidencial Vladimiro Montesinos dirigió las labores de inteligencia desde el Servicio de Inteligencia Nacional, sin embargo conocedor de los ámbitos de poder rechazo asumir en los primeros años el cargo oficial, se mantuvo en un terreno fuera de las pesquisas oficiales. Unificó además las labores de inteligencia de las fuerzas armadas bajo su estricta vigilancia.
Para operar con totalidad de poderes inició un recambio en los más altos cargos de las fuerzas armadas ubicando a oficiales de su absoluta confianza, desechando las líneas de mando y los méritos que deben acumular los oficiales para postular a estos cargos.
Para Fujimori, Montesinos y las Fuerzas Armadas solo quedaba un camino para enfrentar al enemigo oculto, utilizar el horror de la muerte como respuesta, el accionar clandestino como método; el golpe psicológico como sistema.
En tanto la agrupación subversiva Sendero Luminoso percibe el diverso impacto que causaba acciones armadas en el interior del país a comparación de los atentados en Lima, además deciden después de diez años de combate armado en la serranía situar como campo de lucha la capital, a ese desplazamiento Abimael le llamo el equilibrio estratégico.
La primera labor de inteligencia fue descubrir cual era la estructura que tenía sendero para tomar Lima. El primer gran logro, sobre todo un paso clave fue la captura de los archivos de Sendero, con esos documentos se pudo conocer cabalmente el pensamiento, acciones, lógica, organización y nombres del enemigo.
En las declaraciones y documentos aportados por el prófugo Martin Rivas al periodista responsable de la investigación, se detalla los pormenores de una importante reunión celebrada en junio de 1991 convocada por el Comandante General Pedro Villanueva Valdivia y que reunió a los más altos jefes militares para debatir los acuerdos y pormenores de la estrategia a seguir para combatir a Sendero. En esta reunión se realizó una exposición a cargo de los capitanes Martin Rivas y Carlos Pichilingue respecto a la situación política - militar de Sendero y el modo de enfrentarlos de manera radical. Días después se realizó la aprobación de las decisiones adoptadas en dicha reunión por el jefe supremo de las fuerzas armadas, Alberto Fujimori.
Como resultado de las labores de infiltración y seguimiento, la noche del 21 de junio la Policía asesto un golpe importante al senderismo. Integrantes de un organismo llamado Socorro Popular eran capturados. Inicialmente esta organización fue creada para acciones de ayuda a integrantes senderistas, había mutado sus fines para convertirse en parte del sanguinario brazo armado de la organización terrorista.
En aquel operativo se logró capturar a Yovanka Pardavé y Tito Valle Travesaño líderes de Socorro Popular, obteniéndose con ellos importantes documentos.
Las labores de inteligencia tenían como objetivo la desarticulación en el más breve plazo, a pedido presidencial, del grupo armado terrorista para lo cual ellos apuntaban a la captura y posterior aniquilamiento de los ideólogos del grupo.
El método utilizado por el terrorismo es la intimidación y la eliminación. Y las acciones del terrorismo se realizan de manera selectiva y sistemática en presencia de la población, buscando producir en ella shocks sicológicos.
Al iniciarse los 90, el terrorismo mediante la dislocación habían agudizado las contradicciones del sistema. Luego mediante la intimidación (amenazas, asesinatos, coches bomba, atentados a los locales públicos, paros armados) ocasionando la desmoralización (pérdida de fe en la población, migración interna, éxodo al exterior).
En esas circunstancias, se requiere responder con los mismos métodos, con acciones clandestinas, con acciones de infiltración en el enemigo, y sobre todo generándoles el mismo temor, afirma el capitán Martin Rivas.
Esos conceptos se registraron en un documento titulado Esquema estratégico - táctico para enfrentar al PCP - SL en los aspectos políticos, ideológicos y militar, el destino de dicho documento fueron las más altas esferas de poder.
Las calles de Lima en 1991, eran el escenario de una cruenta guerra interna iniciada por Sendero en 1980, ahora el movimiento maoísta decidió establecer el equilibrio estratégico como paso final para obtener el poder. Alentado por la crisis económica y política generada por los anteriores gobiernos y atizada por sus acciones violentas.
TIEMPO DE REVANCHA
Una guerra es el intercambio de mensajes, de símbolos, no hay hechos aislados. En este tipo de guerra, esa es la manera como dialogan los enemigos. Sendero la usó desde el principio, lo que ellos llaman La Lucha Armada inició con un hecho simbólico: esa ánfora electoral quemada el 18 de mayo en Chuschi.
La noche del 3 de noviembre de 1991 en el Jirón Huanta en Barrios Altos se escribió uno de los tantos episodios sangrientos acontecidos en aquellos oscuros tiempos, esté es uno de los hechos de mayor sonoridad y publicación. Esa noche se aniquiló a once varones, tres mujeres y un niño; sindicados por el capitán Martin como miembros de Sendero, señala además los fines que perseguía esa ejecución extrajudicial. El denominado escuadrón de la muerte no tenía interés en obtener información de las acciones de Sendero, deseaba establecer claros mensajes: conocían las ubicaciones de las organizaciones armadas de Sendero, la vigilancia sobre ellas era extrema, reconocían la fachada de las reuniones nombradas como polladas para intercambiar información de los miembros senderistas, además de conocer la actividad que cumplían jóvenes heladeros como vigías de los terroristas.
La creación de un escuadrón de aniquilamiento estructurado de tal forma que pudiese recibir órdenes directas desde la más alta instancia tuvo su origen en una desperada necesidad de eficacia.
La misión que tenía las fuerzas de inteligencia, que era buscar información y comunicarla para la elaboración de acciones, tuvo que cambiar. Por eso los equipos de inteligencia se militarizaron por necesidad, por efectividad, por oportunidad. Eso fue todo el 91 y 92, en ese tiempo se dio una silenciosa guerra entre Sendero e Inteligencia.
Sendero Luminoso respondió con una violencia apocalíptica, emprendiendo la demolición de Lima, en el sentido material y anímico. Era una guerra sicológica y el terrorismo conocía muy bien los rudimentos. Al golpear ferozmente a la población empezó a crear un cerco de protestas al gobernante.
Recién hoy se puede saber que el detonante de los atentados de ese tiempo fue la oscura guerra librada entre militares y terroristas, por eso Sendero convirtió Lima en un entorno de edificaciones demolidas, asesinatos cotidianos, llantos, miedo.
El plan para combatir a Sendero tenia en esencia cuatro puntos: quitarle el control de las cárceles a Sendero Luminoso, expulsarlos de las universidades, especialmente de San Marcos y la Cantuta, romper el cerco de los pueblos jóvenes, y contar con una ley antiterrorista que permitiese procesos con jueces sin rostro con sentencias draconianas.
Treinta días después del Autogolpe, el 6 de mayo de 1992, se realizó el operativo de recuperación de los penales, en especial el penal de Cantogrande, ubicado en el distrito de Lurigancho, al norte de la ciudad de Lima. En sus instalaciones se encontraba el grueso de presos senderistas, hombres y mujeres, y un contingente de sus principales cabecillas e ideólogos.
El Operativo Mudanza 1 se inició en la madrugada del miércoles 6 de mayo de 1992. Aunque su objetivo oficial fue el reordenamiento y reinstauración del orden y principio de autoridad, tuvo un objetivo de guerra: terminar con la Luminosa Trinchera de Combate.
A las once de la mañana del domingo 10, el viento no había logrado disipar el fuerte olor a pólvora en el ambiente. La finalidad del Operativo Mudanza 1 se cumplió tal cual fue concebido. Ese sábado 9 de mayo de 1992, por orden de Fujimori y Montesinos, fueron sometidos a ejecuciones extrajudiciales los miembros de la cúpula senderista.
Fue un mazazo para la organización senderista, pero también un enorme desatino del gobierno, no solo por aplicar métodos bárbaros, sino también porque el terrorismo reaccionó con una violencia delirante y las mortales consecuencias las terminó pagando la inerme población civil.
La noche del 16 de julio de 1992 en la calle Tarata, Miraflores se ejecutó un cruel atentado, las cifras suelen ser frías, sin embargo resumen de forma escueta el espanto: 20 personas muertas; 132 heridas, 62 de ellas en grave estado, 6 mujeres en gestación interrumpieron su embarazo; 8 personas ciegas; 18 con fracturas expuestas, 6 de ellas con extremidades mutiladas; 164 viviendas destruidas; 64 autos inutilizados y afectadas alrededor de 400 edificaciones.
De acuerdo a las labores de infiltración de los agentes de inteligencia los responsables de aquel atentado se refugiaron en los dormitorios de la Universidad La Cantuta, días después del atentado en la calle Tarata se efectuó la replica militar a los miembros Senderistas.
La madrugada del 18 de julio el despliegue en la Cantuta fue inusual y distinto de los operativos clandestinos. Los soldados de la división de fuerzas especiales llegaron en camiones portatropas y cercaron la universidad mientras dos grupos ingresaron a los ambientes en que dormían el profesor y los nueve alumnos.
Santiago Martin Rivas señala la torpeza con la cual se operó este secuestro y posterior ejecución extrajudicial, de realizarse de acuerdo a operativos anteriores nada se habría conocido. El responsable de este operativo fue el general Perez Documet el “Tuto” pues el destacamento La Cantuta estaba bajo sus órdenes. Después de sustraer ilegalmente a los alumnos y el profesor sindicados como terroristas se procedió a aniquilarlos en las inmediaciones del campo de tiro del ejército en Huachipa. A pesar de la ineficiente ejecución, la finalidad principal se cumplió pues los efectivos senderistas abandonaron las instalaciones universitarias.
La meta de derrotar a Sendero Luminoso se logró porque 59 días después, el 15 de septiembre, fue capturado Abimael Guzmán y lo que quedaba de su Estado Mayor. En tanto el remanente de sus tropas huyó hacía la selva.
LABORES DE OCULTAMIENTO
El viernes 2 de abril de 1993, en la sesión del Congreso Constituyente, Henry Pease, anunció haber recibido un documento con una grave denuncia: un anónimo grupo militar denominado León Dormido revelaba el secuestro y ejecución extrajudicial de un profesor y nueve estudiantes de la Cantuta por obra de un comando de operaciones especiales del Servicio de Inteligencia del Ejército, denominado grupo Colina.
El impulso político de esa denuncia empezó a generar un clima pesado para el gobierno, y en especial para los militares, hasta llegar a un episodio de confrontación política protagonizado por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Nicolás Hermoza Ríos, el oficial fue invitado al Congreso en su condición de jefe militar en su intervención negó toda participación militar en los sucesos denunciados.
El 22 de abril una caravana de tanques y vehículos blindados cruzó la ciudad hasta llegar a la sede del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en la avenida Arequipa.
El 5 de mayo la acusación pasó a tener explícita autoría, el general Rodolfo Robles Espinoza, convocó a una conferencia de prensa e hizo pública, no en persona, sino por intermedio de su esposa, una carta confirmando, precisando y ampliando la denuncia entregada al congresista Pease.
La mañana del jueves 8 de julio una información revelada a periodistas del semanario Sí permitió descubrir las fosas en las que se encontraban los cadáveres en el kilómetro 14 del serpentín a Cieneguilla, en las afueras de Lima se encontraron calcinados y enterrados en cajas de cartón.
El escándalo político se hizo más intenso, al conocerse los nombres de algunos de los integrantes del grupo Colina ya eran de dominio público y la prensa empezaba a indagar por ellos, había que inculparlos para dejar a salvo a los jefes.
A los miembros del escuadrón Colina se les planteó someterse a un proceso del que saldrían libres por falta de pruebas. Por esa actitud, serían recompensados con la continuidad de sus carreras, sin embargo las promesas y los plazos nunca se cumplieron.
El proceso se inició el 19 de febrero de 1994, duró 72 horas, entre el viernes 19 y el lunes 21 de febrero. Sentenciados entre veinte y cinco años de prisión respecto a la autoría directa del crimen exigieron respuesta inmediata de los altos mandos, recibieron por respuesta a promesa de una ley de amnistía la cual dejaría sin efecto la sentencia anterior.
El día 14 de junio de 1995 la ley de amnistía permitió la libertad de los militares presos. El general Rivero Lazo fue destinado a la sexta región en Bagua; el coronel Federico Navarro destinado a Iquitos; el mayor Carlos Pichilingue en Bagua y Santiago Martin se quedo en Lima sin función específica, alojado en el cuartel Bolívar. Los agentes habían quedado fuera de la institución en agosto.
LA CAPTURA DE SANTIAGO MARTIN RIVAS
La noche del martes 12 de noviembre de 2002, el periodista recibió una llamada telefónica señalando una nueva reunión con el entonces prófugo Santiago Martin Rivas. En la calle Comandante Moore, en el distrito de San Miguel tuvo lugar la última de una larga lista de encuentros desde meses anteriores, esa tarde del día 13 de noviembre el prófugo tenia una actitud relajada condición que adoptaba por cambiar de refugio recientemente, sin embargo días antes los agentes de la dirección de inteligencia del ministerio del interior habían logrado ubicar la casa producto del seguimiento a la hermana del mayor quien cobraba el dinero de la pensión militar y las conexiones que ella realizaba con la hija del abogado de Santiago quien se ocupaba de proveer de alimentos y realizar los contactos con el periodista.
El lunes 18 de noviembre fueron detenidos pasado el medio día Santiago Martin Rivas y el periodista Humberto Jara en el domicilio provisional del prófugo, el periodista había sido citado según lo referido por el mayor para evitar que el momento de su captura se le pueda victimar en un intento por silenciarlo.
Después de horas producto de un largo interrogatorio y tramites burocráticos el periodista fue puesto en libertad pasada la medianoche, se marcho a su casa y en los días siguientes, sin efectuar reclamos, en silencio frente a los discursos de los pontífices de lo políticamente correcto, y con el anuncio de un arresto por la investigación que la Fiscalía insistió en abrir, se embarcó hacía la ciudad de los Buenos Aires.
LA EXTRADICIÓN DE ALBERTO FUJIMORI
Para quines ambición el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.
Cuando el ex presidente Alberto Fujimori fue arrestado en Santiago de Chile a la una y treinta de la madrugada del 7 de noviembre de 2005, apenas habían transcurrido doce horas desde su sorpresivo aterrizaje en el aeropuerto Padahuel.
Aquel viaje sin retorno no fue decisión apresurada, en realidad los preparativos se iniciaron en marzote 2005 y el primer acto visible ocurrió el 18 de mayo cuando Fujimori apareció en las oficinas del consulado peruano para efectuar la renovación de su documento de identidad.
Tenía cinco años de exilio dorado en el Japón y se sentía jubilado viendo pasar los años despojado de los deleites del poder, la soledad del poder es la condena de los poderosos. El objetivo era lograr el ingreso de Fujimori al Perú para convertirlo en candidato de Facto y desde esa posición apoyada por las movilizaciones populares, exigir su inscripción como postulante a la Presidencia.
Paralelamente, otra pieza de su estrategia se retorno se había iniciado en agosto cuando sus abogados César Nakasaki y Rolando Souza empezaron a plantear nulidades procesales en la docena de juicios que tenia abierto en los tribunales peruanos.
Sonriente, entusiasta y liviano de equipaje, a las cinco y cuarenta del sábado 5 de noviembre, Alberto Fujimori abordó el jet Bombardier de la empresa Global Express y partió a Santiago de Chile.
A las diez y diez de la noche, hora mexicana, la aeronave hizo una escala técnica en el aeropuerto de la ciudad de Tijuana.
La Verdadera Historia del Grupo Colina.
Humberto Jara
PRÓLOGO
Al interior de una sociedad se establecen parámetros los cuales rigen su estructura estableciendo el denominado orden social, entendido como disposiciones que permiten sostener una convivencia pacífica basada en el respeto a las libertades y obligaciones de los ciudadanos que comprenden una sociedad.
Las notorias desigualdades socio - económicas al interior de las sociedades latinoamericanas (situadas en el contexto de manifestación subversiva y de protesta social en el texto) generan la violenta respuesta de organizaciones terroristas quienes establecen contextos de lucha armada contra el gobierno en turno generando como resultado inmediato inestabilidad social sumado a los centenares de miles de muertes que se ocasionan en el cruento combate.
Entre los países latinoamericanos obligados a sufrir la demencia del terrorismo, está el Perú. Desde 1980, y durante más de una década una salvaje agrupación llamada Sendero Luminoso, nublada por el vaho del fanatismo maoísta, desató una impresionante saga de destrucción.
Ante una amenaza directa a la vida y tranquilidad de las personas, el común de ellas exigirá concretar hechos que permitan reestablecer el orden interrumpido.
Al inicio de la de los 90´ asumía el mandato a la presidencia Alberto Fujimori un ingeniero agrícola notoriamente inexperto en las labores de gobierno, asesorado por una cúpula militar derrotada y humillada después de años de combate terrorista asumen aplicar estrategia denominada guerra de baja intensidad, es decir el terrorismo de Estado.
“La pretendida estrategia de combatir al terror con los métodos del terror, no funciona, no es eficaz, porque olvida las razones de fondo y omite algo esencial, terrible: El terrorista comparte un secreto y una identidad, comparte códigos y protocolos de su misión, comparte una idea de castigo y devastación... Ellos quieren morir”.
Se convocó a oficiales capacitados en aplicar la guerra clandestina y se dispuso la creación no oficial y secreta, de un escuadrón especial, conocido después como el Grupo Colina. Realizando tareas de infiltración, espionaje telefónico, secuestros, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.
Es por tanto equivoca la visión que sostiene que la única vía posible para combatir la amenaza terrorista es la aplicación de los métodos de terror que ocasiona la muerte. Todas las dolorosas experiencias muestran que este procedimiento llena de dolor y antagonismo a las sociedades que lo padecen.
PRÓLOGO DE LA SEGUNDA EDICIÓN
“No siempre el dolor enseña; muchas veces el olvido suele ocultar sus posibles lecciones”.
La pobreza en la cual se encuentra sumida el 54% de la población de acuerdo a las frívolas cifras, fue la plataforma necesaria que impulsara a los integrantes de la organización terrorista Sendero Luminoso a iniciar un conflicto interno armando, convencidos de ser la revolución armada único medio para conquistar el poder y reorganizar nuestra nación, devolviendo las condiciones de igualdad que jamás existieron en el país.
La actitud inconciente de los gobernantes y la población centralizada en la ciudad capital no permitieron desplegar los mecanismos adecuados para finalizar las violentas acciones del grupo subversivo en sus primeros años de brutalidad en la sierra central.
El Perú está ahora en la etapa de los juzgamientos, pero se pregunta con real interés de solución, ¿qué hacemos con la pobreza? Hemos olvidado la principal enseñanza de los años de terrorismo: la pobreza incuba la violencia hasta que un día explota brutalmente.
NOTA PREVIA
En 1993, una delación militar y una investigación periodística pusieron a la luz pública dos casos - la matanza de barrios altos y el secuestro y la ejecución de estudiantes de la Universidad La Cantuta - señalando la autoría del grupo Colina. Fujimori y Montesinos resolvieron el tema con un proceso a un grupo de militares y una ley de amnistía. Luego clausuraron toda puerta de acceso al tema. Este texto aporta una mirada a los hechos mencionados la declaración de los principales oficiales que participaron en las labores antiterroristas.
LAS ALAS DEL DESEO.
Todo empezó la tarde del viernes 13 de mayo de 1988, cuando una explosión ocurrida en las serranías de Ayacucho alcanzó a Vladimiro Montesinos y Santiago Martin Rivas, aunque ninguno de los dos lo supo hasta meses después.
En el crepúsculo de esa tarde, dos camiones porta tropas, con rumbo a la base militar del condado de Huamcapí, fueron emboscados por terroristas de Sendero Luminoso, el lamentable saldo de este ataque dio como resultado la muerte del capitán José Arbulú, el sargento Ángel Vargas y el cabo Fabián Roldán además de once soldados con diversas lesiones.
Algunos soldados sobrevivieron al ataque, entiéndase se les permitió vivir cumpliendo un recurso de guerra pues esperaban que el pavoroso relato de la emboscada golpee el ánimo de sus compañeros.
Los habitantes del distrito de Cayara, en cuyas inmediaciones ocurrió la emboscada, optaron, esa noche y hasta la madrugada, por huir del poblado: sabían que a cada incursión senderista le sucedía una irracional visita militar.
Los hechos atroces producto de los excesos irracionales de los efectivos militares fueron relatados por una adolescente que logró sobrevivir escondida en las penumbras. Su relato horrorizó a la prensa ocasionando la incesante presión política que exigía se iniciara una investigación de los turbios acontecimientos.
Ese año 1988, el capitán Santiago Enrique Martin Rivas tenía 30 años de edad y vivía en las instalaciones del SIE. En 1981, a los 22 años, recién graduado de subteniente, había combatido en la cordillera del Cóndor en el conflicto con el Ecuador. Desde 1982 combatió en la zona de emergencia de Ayacucho, conocía en silencio episodios acontecidos en la oscuridad.
Una mañana de julio de 1988, el jefe del SIE, Osvaldo Hanke Velasco, le informó que debía asumir una misión muy reservada: ser oficial encargado del caso Cayara y el enlace con un informante llamado Vladimiro Montesinos Torres.
El capitán Martin conocía los pormenores del caso Cayara además del pasado del ex oficial Montesinos dado de baja por espía y acusado por delito de traición a la patria. En las semanas siguientes se suscitaron las reuniones entre ambos personajes, Montesinos desde el inicio esbozó las razones que acreditaban su inocencia, se presentó como asesor del Fiscal de la Nación, tener acceso a toda la documentación del caso, además de organizar las reuniones entre el magistrado y los altos mandos militares.
Con su activa y eficaz participación en el caso Cayara, Montesinos logró que el expediente se detenga en la Fiscalía de la Nación, evito un proceso al jefe de la zona de emergencia de Ayacucho y permitió que el alto mando militar se alivia de una grave responsabilidad. Además obtuvo la archivación definitiva del proceso por traición a la patria.
La contienda electoral del 90´ situó en segunda vuelta a los candidatos Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori, sin embargo una denuncia por delito de defraudación tributaria y contra la fe pública planteada en contra del candidato Fujimori en la 32º Fiscalía Penal de Lima lo aquejaba.
Fujimori, conciente del peligro busco ayuda en su mínimo entorno, fue uno de esos súbitos asesores el que recomendó a Montesinos como artífice para solucionar el problema. A finales de 1990, al amparo de su eficacia, el abogado Vladimiro Montesinos Torres se convirtió en asesor de Alberto Fujimori, el próximo presidente de la República del Perú.
Montesinos entendió cual debía ser su juego, para él Fujimori era un personaje inculto y con una noción política elemental, que había llegado a la posibilidad de ser presidente producto del azar. Además en su afán por perpetuarse en el ámbito de poder se especula utilizó un elemento.
Los indicios son convincentes en señalar que el inconveniente descubierto y explotado por Montesinos era la nacionalidad de Fujimori.
Como político Fujimori presentaba un aprendizaje de impresionante rapidez. Usó un estilo signado por la atención a los sectores más pobres porque allí estaban los votos necesarios.
“Robó, pero trabajó” el cínico lema que identifica a los gobernantes de los años noventa que con el dinero de las privatizaciones alentadas por el dogma liberal hicieron obra popular y fortuna personal.
Sin embargo, ese pedestal que Fujimori y Montesinos usaron para su vigencia, tiene en su base secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.
VOCES CLANDESTINAS
Todo país que aplicó la guerra de baja intensidad tomó las decisiones en los más altos niveles y con anuencia de los Estados Unidos.
La convocatoria de Santiago Martin Rivas en diciembre de 1990, no fue producto de la casualidad pues se le reconocían conocimientos sobre la guerra no convencional.
Los personajes que aquel año tomaron a su cargo la organización de un nuevo esquema de lucha contra la subversión tenían entre sí una afinidad: habían sido preparados en distintas épocas en la Escuela de la Américas, el cuestionado centro de formación militar creado por los Estados Unidos para dar instrucción especializada en el combate contra el terrorismo a los militares de los ejércitos latinoamericanos.
La guerra de baja intensidad tenía como elemento esencial la clandestinidad, considerada insustituible para lograr infiltraciones en el enemigo, seguimiento, escuchas telefónicas, capturas no oficiales, obtención de arrepentidos, asesinatos selectivos, desaparición de militantes y, por cierto, anonimato del personal involucrado en las acciones.
El ahora asesor presidencial Vladimiro Montesinos dirigió las labores de inteligencia desde el Servicio de Inteligencia Nacional, sin embargo conocedor de los ámbitos de poder rechazo asumir en los primeros años el cargo oficial, se mantuvo en un terreno fuera de las pesquisas oficiales. Unificó además las labores de inteligencia de las fuerzas armadas bajo su estricta vigilancia.
Para operar con totalidad de poderes inició un recambio en los más altos cargos de las fuerzas armadas ubicando a oficiales de su absoluta confianza, desechando las líneas de mando y los méritos que deben acumular los oficiales para postular a estos cargos.
Para Fujimori, Montesinos y las Fuerzas Armadas solo quedaba un camino para enfrentar al enemigo oculto, utilizar el horror de la muerte como respuesta, el accionar clandestino como método; el golpe psicológico como sistema.
En tanto la agrupación subversiva Sendero Luminoso percibe el diverso impacto que causaba acciones armadas en el interior del país a comparación de los atentados en Lima, además deciden después de diez años de combate armado en la serranía situar como campo de lucha la capital, a ese desplazamiento Abimael le llamo el equilibrio estratégico.
La primera labor de inteligencia fue descubrir cual era la estructura que tenía sendero para tomar Lima. El primer gran logro, sobre todo un paso clave fue la captura de los archivos de Sendero, con esos documentos se pudo conocer cabalmente el pensamiento, acciones, lógica, organización y nombres del enemigo.
En las declaraciones y documentos aportados por el prófugo Martin Rivas al periodista responsable de la investigación, se detalla los pormenores de una importante reunión celebrada en junio de 1991 convocada por el Comandante General Pedro Villanueva Valdivia y que reunió a los más altos jefes militares para debatir los acuerdos y pormenores de la estrategia a seguir para combatir a Sendero. En esta reunión se realizó una exposición a cargo de los capitanes Martin Rivas y Carlos Pichilingue respecto a la situación política - militar de Sendero y el modo de enfrentarlos de manera radical. Días después se realizó la aprobación de las decisiones adoptadas en dicha reunión por el jefe supremo de las fuerzas armadas, Alberto Fujimori.
Como resultado de las labores de infiltración y seguimiento, la noche del 21 de junio la Policía asesto un golpe importante al senderismo. Integrantes de un organismo llamado Socorro Popular eran capturados. Inicialmente esta organización fue creada para acciones de ayuda a integrantes senderistas, había mutado sus fines para convertirse en parte del sanguinario brazo armado de la organización terrorista.
En aquel operativo se logró capturar a Yovanka Pardavé y Tito Valle Travesaño líderes de Socorro Popular, obteniéndose con ellos importantes documentos.
Las labores de inteligencia tenían como objetivo la desarticulación en el más breve plazo, a pedido presidencial, del grupo armado terrorista para lo cual ellos apuntaban a la captura y posterior aniquilamiento de los ideólogos del grupo.
El método utilizado por el terrorismo es la intimidación y la eliminación. Y las acciones del terrorismo se realizan de manera selectiva y sistemática en presencia de la población, buscando producir en ella shocks sicológicos.
Al iniciarse los 90, el terrorismo mediante la dislocación habían agudizado las contradicciones del sistema. Luego mediante la intimidación (amenazas, asesinatos, coches bomba, atentados a los locales públicos, paros armados) ocasionando la desmoralización (pérdida de fe en la población, migración interna, éxodo al exterior).
En esas circunstancias, se requiere responder con los mismos métodos, con acciones clandestinas, con acciones de infiltración en el enemigo, y sobre todo generándoles el mismo temor, afirma el capitán Martin Rivas.
Esos conceptos se registraron en un documento titulado Esquema estratégico - táctico para enfrentar al PCP - SL en los aspectos políticos, ideológicos y militar, el destino de dicho documento fueron las más altas esferas de poder.
Las calles de Lima en 1991, eran el escenario de una cruenta guerra interna iniciada por Sendero en 1980, ahora el movimiento maoísta decidió establecer el equilibrio estratégico como paso final para obtener el poder. Alentado por la crisis económica y política generada por los anteriores gobiernos y atizada por sus acciones violentas.
TIEMPO DE REVANCHA
Una guerra es el intercambio de mensajes, de símbolos, no hay hechos aislados. En este tipo de guerra, esa es la manera como dialogan los enemigos. Sendero la usó desde el principio, lo que ellos llaman La Lucha Armada inició con un hecho simbólico: esa ánfora electoral quemada el 18 de mayo en Chuschi.
La noche del 3 de noviembre de 1991 en el Jirón Huanta en Barrios Altos se escribió uno de los tantos episodios sangrientos acontecidos en aquellos oscuros tiempos, esté es uno de los hechos de mayor sonoridad y publicación. Esa noche se aniquiló a once varones, tres mujeres y un niño; sindicados por el capitán Martin como miembros de Sendero, señala además los fines que perseguía esa ejecución extrajudicial. El denominado escuadrón de la muerte no tenía interés en obtener información de las acciones de Sendero, deseaba establecer claros mensajes: conocían las ubicaciones de las organizaciones armadas de Sendero, la vigilancia sobre ellas era extrema, reconocían la fachada de las reuniones nombradas como polladas para intercambiar información de los miembros senderistas, además de conocer la actividad que cumplían jóvenes heladeros como vigías de los terroristas.
La creación de un escuadrón de aniquilamiento estructurado de tal forma que pudiese recibir órdenes directas desde la más alta instancia tuvo su origen en una desperada necesidad de eficacia.
La misión que tenía las fuerzas de inteligencia, que era buscar información y comunicarla para la elaboración de acciones, tuvo que cambiar. Por eso los equipos de inteligencia se militarizaron por necesidad, por efectividad, por oportunidad. Eso fue todo el 91 y 92, en ese tiempo se dio una silenciosa guerra entre Sendero e Inteligencia.
Sendero Luminoso respondió con una violencia apocalíptica, emprendiendo la demolición de Lima, en el sentido material y anímico. Era una guerra sicológica y el terrorismo conocía muy bien los rudimentos. Al golpear ferozmente a la población empezó a crear un cerco de protestas al gobernante.
Recién hoy se puede saber que el detonante de los atentados de ese tiempo fue la oscura guerra librada entre militares y terroristas, por eso Sendero convirtió Lima en un entorno de edificaciones demolidas, asesinatos cotidianos, llantos, miedo.
El plan para combatir a Sendero tenia en esencia cuatro puntos: quitarle el control de las cárceles a Sendero Luminoso, expulsarlos de las universidades, especialmente de San Marcos y la Cantuta, romper el cerco de los pueblos jóvenes, y contar con una ley antiterrorista que permitiese procesos con jueces sin rostro con sentencias draconianas.
Treinta días después del Autogolpe, el 6 de mayo de 1992, se realizó el operativo de recuperación de los penales, en especial el penal de Cantogrande, ubicado en el distrito de Lurigancho, al norte de la ciudad de Lima. En sus instalaciones se encontraba el grueso de presos senderistas, hombres y mujeres, y un contingente de sus principales cabecillas e ideólogos.
El Operativo Mudanza 1 se inició en la madrugada del miércoles 6 de mayo de 1992. Aunque su objetivo oficial fue el reordenamiento y reinstauración del orden y principio de autoridad, tuvo un objetivo de guerra: terminar con la Luminosa Trinchera de Combate.
A las once de la mañana del domingo 10, el viento no había logrado disipar el fuerte olor a pólvora en el ambiente. La finalidad del Operativo Mudanza 1 se cumplió tal cual fue concebido. Ese sábado 9 de mayo de 1992, por orden de Fujimori y Montesinos, fueron sometidos a ejecuciones extrajudiciales los miembros de la cúpula senderista.
Fue un mazazo para la organización senderista, pero también un enorme desatino del gobierno, no solo por aplicar métodos bárbaros, sino también porque el terrorismo reaccionó con una violencia delirante y las mortales consecuencias las terminó pagando la inerme población civil.
La noche del 16 de julio de 1992 en la calle Tarata, Miraflores se ejecutó un cruel atentado, las cifras suelen ser frías, sin embargo resumen de forma escueta el espanto: 20 personas muertas; 132 heridas, 62 de ellas en grave estado, 6 mujeres en gestación interrumpieron su embarazo; 8 personas ciegas; 18 con fracturas expuestas, 6 de ellas con extremidades mutiladas; 164 viviendas destruidas; 64 autos inutilizados y afectadas alrededor de 400 edificaciones.
De acuerdo a las labores de infiltración de los agentes de inteligencia los responsables de aquel atentado se refugiaron en los dormitorios de la Universidad La Cantuta, días después del atentado en la calle Tarata se efectuó la replica militar a los miembros Senderistas.
La madrugada del 18 de julio el despliegue en la Cantuta fue inusual y distinto de los operativos clandestinos. Los soldados de la división de fuerzas especiales llegaron en camiones portatropas y cercaron la universidad mientras dos grupos ingresaron a los ambientes en que dormían el profesor y los nueve alumnos.
Santiago Martin Rivas señala la torpeza con la cual se operó este secuestro y posterior ejecución extrajudicial, de realizarse de acuerdo a operativos anteriores nada se habría conocido. El responsable de este operativo fue el general Perez Documet el “Tuto” pues el destacamento La Cantuta estaba bajo sus órdenes. Después de sustraer ilegalmente a los alumnos y el profesor sindicados como terroristas se procedió a aniquilarlos en las inmediaciones del campo de tiro del ejército en Huachipa. A pesar de la ineficiente ejecución, la finalidad principal se cumplió pues los efectivos senderistas abandonaron las instalaciones universitarias.
La meta de derrotar a Sendero Luminoso se logró porque 59 días después, el 15 de septiembre, fue capturado Abimael Guzmán y lo que quedaba de su Estado Mayor. En tanto el remanente de sus tropas huyó hacía la selva.
LABORES DE OCULTAMIENTO
El viernes 2 de abril de 1993, en la sesión del Congreso Constituyente, Henry Pease, anunció haber recibido un documento con una grave denuncia: un anónimo grupo militar denominado León Dormido revelaba el secuestro y ejecución extrajudicial de un profesor y nueve estudiantes de la Cantuta por obra de un comando de operaciones especiales del Servicio de Inteligencia del Ejército, denominado grupo Colina.
El impulso político de esa denuncia empezó a generar un clima pesado para el gobierno, y en especial para los militares, hasta llegar a un episodio de confrontación política protagonizado por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Nicolás Hermoza Ríos, el oficial fue invitado al Congreso en su condición de jefe militar en su intervención negó toda participación militar en los sucesos denunciados.
El 22 de abril una caravana de tanques y vehículos blindados cruzó la ciudad hasta llegar a la sede del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en la avenida Arequipa.
El 5 de mayo la acusación pasó a tener explícita autoría, el general Rodolfo Robles Espinoza, convocó a una conferencia de prensa e hizo pública, no en persona, sino por intermedio de su esposa, una carta confirmando, precisando y ampliando la denuncia entregada al congresista Pease.
La mañana del jueves 8 de julio una información revelada a periodistas del semanario Sí permitió descubrir las fosas en las que se encontraban los cadáveres en el kilómetro 14 del serpentín a Cieneguilla, en las afueras de Lima se encontraron calcinados y enterrados en cajas de cartón.
El escándalo político se hizo más intenso, al conocerse los nombres de algunos de los integrantes del grupo Colina ya eran de dominio público y la prensa empezaba a indagar por ellos, había que inculparlos para dejar a salvo a los jefes.
A los miembros del escuadrón Colina se les planteó someterse a un proceso del que saldrían libres por falta de pruebas. Por esa actitud, serían recompensados con la continuidad de sus carreras, sin embargo las promesas y los plazos nunca se cumplieron.
El proceso se inició el 19 de febrero de 1994, duró 72 horas, entre el viernes 19 y el lunes 21 de febrero. Sentenciados entre veinte y cinco años de prisión respecto a la autoría directa del crimen exigieron respuesta inmediata de los altos mandos, recibieron por respuesta a promesa de una ley de amnistía la cual dejaría sin efecto la sentencia anterior.
El día 14 de junio de 1995 la ley de amnistía permitió la libertad de los militares presos. El general Rivero Lazo fue destinado a la sexta región en Bagua; el coronel Federico Navarro destinado a Iquitos; el mayor Carlos Pichilingue en Bagua y Santiago Martin se quedo en Lima sin función específica, alojado en el cuartel Bolívar. Los agentes habían quedado fuera de la institución en agosto.
LA CAPTURA DE SANTIAGO MARTIN RIVAS
La noche del martes 12 de noviembre de 2002, el periodista recibió una llamada telefónica señalando una nueva reunión con el entonces prófugo Santiago Martin Rivas. En la calle Comandante Moore, en el distrito de San Miguel tuvo lugar la última de una larga lista de encuentros desde meses anteriores, esa tarde del día 13 de noviembre el prófugo tenia una actitud relajada condición que adoptaba por cambiar de refugio recientemente, sin embargo días antes los agentes de la dirección de inteligencia del ministerio del interior habían logrado ubicar la casa producto del seguimiento a la hermana del mayor quien cobraba el dinero de la pensión militar y las conexiones que ella realizaba con la hija del abogado de Santiago quien se ocupaba de proveer de alimentos y realizar los contactos con el periodista.
El lunes 18 de noviembre fueron detenidos pasado el medio día Santiago Martin Rivas y el periodista Humberto Jara en el domicilio provisional del prófugo, el periodista había sido citado según lo referido por el mayor para evitar que el momento de su captura se le pueda victimar en un intento por silenciarlo.
Después de horas producto de un largo interrogatorio y tramites burocráticos el periodista fue puesto en libertad pasada la medianoche, se marcho a su casa y en los días siguientes, sin efectuar reclamos, en silencio frente a los discursos de los pontífices de lo políticamente correcto, y con el anuncio de un arresto por la investigación que la Fiscalía insistió en abrir, se embarcó hacía la ciudad de los Buenos Aires.
LA EXTRADICIÓN DE ALBERTO FUJIMORI
Para quines ambición el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.
Cuando el ex presidente Alberto Fujimori fue arrestado en Santiago de Chile a la una y treinta de la madrugada del 7 de noviembre de 2005, apenas habían transcurrido doce horas desde su sorpresivo aterrizaje en el aeropuerto Padahuel.
Aquel viaje sin retorno no fue decisión apresurada, en realidad los preparativos se iniciaron en marzote 2005 y el primer acto visible ocurrió el 18 de mayo cuando Fujimori apareció en las oficinas del consulado peruano para efectuar la renovación de su documento de identidad.
Tenía cinco años de exilio dorado en el Japón y se sentía jubilado viendo pasar los años despojado de los deleites del poder, la soledad del poder es la condena de los poderosos. El objetivo era lograr el ingreso de Fujimori al Perú para convertirlo en candidato de Facto y desde esa posición apoyada por las movilizaciones populares, exigir su inscripción como postulante a la Presidencia.
Paralelamente, otra pieza de su estrategia se retorno se había iniciado en agosto cuando sus abogados César Nakasaki y Rolando Souza empezaron a plantear nulidades procesales en la docena de juicios que tenia abierto en los tribunales peruanos.
Sonriente, entusiasta y liviano de equipaje, a las cinco y cuarenta del sábado 5 de noviembre, Alberto Fujimori abordó el jet Bombardier de la empresa Global Express y partió a Santiago de Chile.
A las diez y diez de la noche, hora mexicana, la aeronave hizo una escala técnica en el aeropuerto de la ciudad de Tijuana.

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