Los primeros rayos de sol asomaban con cierta timidez aquella mañana, la presencia de nubes auguraba un día gris usual en estos meses en los cuales se perfilan batallas incesantes por el dominio del cielo. A la hora indicada, nos dirigimos hacia los dominios del olvido aquel lugar tenue en el cual te rodean un mar de miradas desconfiadas, inquietas ante la idea de ser retratados por el lente de nuestra cámara, cada cierto tramo andado nos sorprendían algunas sonrisas desdentadas, rostros sucios, barbas crecidas, cabellos revueltos, rasgos impuestos para aquellas personas a las cuales la vida no las recibe con una sonrisa al iniciar cada mañana. El objetivo en esta ocasión es dirigir nuestras miradas al ámbito que rodea el acilo de ancianos el cual guarda infinidad de historias entrelazadas por el olvido, similar panorama se observa en las inmediaciones pobladas de comerciantes de infinidad de productos, al igual que las procedencias de los mismos, ubicados en las aceras, ocupando la totalidad de la calle, es en este mundo en el cual conviven en armonía evidente quienes tienen por oficio aparente el atletismo pues se les observa iniciando veloces carreras incentivados ante los gritos de cierto incauto transeúnte. Al transcurrir las horas se hace notoria la presencia del más ilustre invitado, la basura, pues se acumula en veredas, esquinas, enormes depósitos de desperdicios se forman producto del comercio y la desatención de quienes laboran en él. Es sorprendente la normalidad ante la descomunal acumulación de basura y los incesantes reclamos de quienes laboran en las tiendas cercanas quines se ven perjudicados por esta desagradable situación, hartos de los constantes robos a sus locales e indignados por la actitud apacible de los policías quienes no parecen interesarse por el bienestar de los ciudadanos.
Durante las horas pasadas cerca del acilo observamos el ingreso o salida cada cierto tiempo de quienes lo habitan todos erigen un caminar pausado, miradas tristes, respiración lenta, cuerpo encorvado, ropa desgastada quienes tienen que lidiar con las pilas de basura, olores fétidos, suciedad, inmundicia al pasar por estas calles se puede imaginar discurrir ciertos pasajes de la novela de Ramón Ribeyro más luego se comprende que fue el quien observo esta penosa realidad y la plasmo en su obra cumbre, realidad que se repite día a día en infinidad de lugares en el mundo que ante el paso de las horas discurren sin saberlo por las calles del umbral del olvido.
Durante las horas pasadas cerca del acilo observamos el ingreso o salida cada cierto tiempo de quienes lo habitan todos erigen un caminar pausado, miradas tristes, respiración lenta, cuerpo encorvado, ropa desgastada quienes tienen que lidiar con las pilas de basura, olores fétidos, suciedad, inmundicia al pasar por estas calles se puede imaginar discurrir ciertos pasajes de la novela de Ramón Ribeyro más luego se comprende que fue el quien observo esta penosa realidad y la plasmo en su obra cumbre, realidad que se repite día a día en infinidad de lugares en el mundo que ante el paso de las horas discurren sin saberlo por las calles del umbral del olvido.

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