

Crítica a
Lima Limón
America Televisión
Lo peor de todo de estar contigo, es que te quiero es que te quieroooo repite el pegajoso coro de la mítica canción de Río que hace poco lanzó un compilatorio Todo Estaba Bien, celebrando los 25 años desde que despego motores la agrupación conformada por Pocho, Chachi y Cucho. Sin embargo, y muy a mi pesar estas líneas no enfilarán lo que espero pueda ser un aguda pluma aunque pueda finalizar convertido en un texto ligero in merecedor de ser reproducido, respecto a la trayectoria del grupo Río, todo lo contrario me referiré a la situación actual de la televisión peruana ejemplificada en el programa conducido por la “carismática” Laura Huarcayo y el siempre antipático Carlos Vílchez abanderados de la televisión banal, frívola, indefendible como la califican los agudos críticos televisivos.
En contraposición del nombre del compilatorio de Río la televisión peruana nunca estuvo bien, el denominador común siempre fue gastar las formulas exitosas, rentables, de bajo presupuesto hasta la saciedad o suciedad además de referir los negros (sin alusión despectiva por el color) años que ha atravesado la tv al servicio del oficialismo de turno, esclavo de la desinformación, siamés inoperable del morbo cuyo color favorito siempre fue el amarillo. La tv es la vedette de los medios frase sincera pero que desea aligerar el grado de culpa de los otros compañeros de baile mediáticos, pues la situación de los medios radiales e impresos y en la actualidad digitales es comparable con la situación televisiva. El panorama (no, no el soporífero noticiero dominical) televisivo nos deja un saldo negativo, con cifras en rojo similares a las pantallas de los informativos diarios quienes cumplen una labor de vigilancia en las carreteras bárbara pues no pierden un solo accidente de tránsito y vaya que hay muchos en el país con la tasa más alta en Latinoamérica de muertes por accidentes viales, pero retornemos a la idea anterior, mis disculpas me es difícil mantener en orden las ideas, decía los canales de televisión tienen deudas importantes que obligarán a los “valuados gerentes televisivos” a vender incluso hasta a su madre para saldar las cuentas con la sunat, las pantallas peruanas se encuentran repletas de enlatados cuya fecha de caducidad expiro ya hace mucho, si bien es cierto, producir es costoso, sin embargo colgarse de la frase para justificar la pobre programación de los canales solo demuestra las contadas neuronas operativas que ostentas los broadcasting peruanos.
En la revista de lectura se puede visualizar las variopintas posiciones y posibles soluciones que esbozan los entrevistados, que van desde el continuismo solapado en la gastada autorregulación además de no contar con una uniformidad en los mecanismos que pueden o deben emplearse en este concepto, hasta la postura de quienes están cansados que la programación peruana sea liderada por un grupo de ineptos bastante adinerados por cierto y proponen en el corto plazo reducir el número de canales hasta concientizar a la población a rechazar contenidos inútiles en el largo plazo, propuestas cuerdas pero poco probables para no decir menos. Los medios y la población son dos caras de una moneda de poco valor, reflejo el uno del otro, es evidente que la aceptación de estos formatos televisivos guarda relación con los niveles culturales que ostentamos los peruanos, entonces la matriz del problema supone soluciones extremas a situaciones extremas como la nuestra, pero si las reglas de juego favorecen a los gerentes de televisión para continuar saqueando las televisoras, si el contenido responde a los deseos de los grupos de poder, parece ser un juego que se perdió sin siquiera jugarse.

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